El poder en la época moderna

SUMARIO
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Cap. 17
Mª Ángeles Jordano Barbudo(Universidad de Córdoba)
Poder y Estado moderno
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     Al principio el Retiro comenzó siendo una ampliación del Cuarto Real, que estaba junto a la iglesia del monasterio de los jerónimos, lo cual también respondía a otra tradición de los monarcas españoles de morar junto a un cenobio[3]. Dicho cuarto había sido construido por orden de Felipe II hacia el lado norte y este de la iglesia, y el maestro había sido Juan Bautista de Toledo, con el fin de que el rey pudiera alojarse allí circunstancialmente. En los años 1630-31 se hizo una modesta ampliación.
 
   
 
Evolución del Palacio del Buen Retiro sobre planos, según Carlier.
“El Palacio del Rey Planeta. Felipe IV y el Buen Retiro”. Ed. Úbeda de los Cobos, A. Museo Nacional del Prado. Ministerio de Cultura. Madrid, 2005.
 
   
 
     El resultado era insuficiente para engrandecer la figura del rey a todas luces. No había más que cruzar al otro lado de San Jerónimo para contemplar el magnífico palacio rodeado de jardines del duque de Lerma. Es entonces cuando por real decreto de 5 de noviembre de 1633 se propone crear una enorme plaza: "Yo he mandado fabricar en el dicho sitio una plaza donde se puedan celebrar fiestas y regocijos" (Brown y Elliott, 2003, p. 65). Se levantó un edificio de tres plantas y ático, de planta cuadrada con torres en las esquinas y un amplio patio. En su lado norte, en el centro, se hallaba el palco real, conocido como Salón Grande y después Salón de Reinos. Desde el balcón, los reyes, la corte e invitados podrían contemplar los espectáculos que tuvieran lugar en el patio. El ritmo trepidante al que marchaban las obras se deja ver en la carta del embajador británico, quien el 26 de octubre escribía: "El asunto parece ser cosa de interés del rey o del conde o de ambos, pues para finalizarlo antes de tiempo tienen unos mil hombres en la obra que no paran ni de noche ni los domingos ni días de fiesta". Pero el encono que despertó en los detractores se deja ver por la misma pluma: "Es una hablilla de toda la corte, cada uno murmurando según su inclinación, algunos bien pero la mayoría en contra, pues se hace a costa del estómago del pueblo por un tributo sobre la carne y el vino. Y les irrita aún más porque se atribuye al capricho del Conde, cuyo juicio desaprueban en ésta como en tantas otras cosas" (Brown y Elliott, 2003, p. 72). En diciembre de 1633 se celebró la inauguración. Lope de Vega le dedicó este soneto: "Un edificio hermoso / que nació como Adán joven perfecto, / tan breve y suntuoso, / que fue sin distinción obra y conceto, / en cuya idea, a fuerza del cuidado, / fue apenas dicho, cuando fue formado". Sin embargo, para muchos el resultado no estaba a la altura de un rey. El embajador inglés sir Arthur Hopton opinaba así: "Hubiera sido de desear que lo hubieran construido con menos precipitación, tanto para hacerlo más seguro como para haberle dado un aspecto algo más regio" (Brown, 2005, p. 69).
 
   
 
     Una corrida de toros, el combate entre un toro y un león, y una justa constituyeron los juegos propios de las artes de la guerra, mientras que la representación de una comedia, seguida de un banquete, ilustraron las artes de la paz. Por real decreto de 1 de diciembre se bautizaba como Palacio del Buen Retiro[4] . En diciembre de 1633 los reyes se instalaban en él. El último edificio que se construyó fue el teatro del Coliseo, inaugurado el 4 de febrero de 1640.
 
   
 
El Palacio del Buen Retiro con las adiciones de 1634-1640, según el plano de Carlier.
“El Palacio del Rey Planeta. Felipe IV y el Buen Retiro”. Ed. Úbeda de los Cobos, A. Museo Nacional del Prado. Ministerio de Cultura. Madrid, 2005.
 
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Fecha modif. 25-09-2008